Todos hemos escuchado la palabra bullying. Muchos la asocian con insultos, golpes o discusiones entre compañeros de colegio, pero su impacto va mucho más allá de lo visible.
El bullying es un tipo de acoso que se repite en el tiempo, con intención de hacer daño y en contextos donde existe un desequilibrio de poder entre quien agrede y quien sufre.
Este patrón de maltrato no se limita a una etapa de la infancia o adolescencia: sus efectos pueden persistir durante años e influir en la forma en que una persona se relaciona, siente y se percibe a sí misma.
Más que “cosas de niños”: una experiencia que perjudica el bienestar
Cuando una persona es víctima de bullying, lo que ocurre no se reduce a momentos puntuales de dolor. La exposición repetida a burlas, aislamiento, amenazas o agresión abre paso a una respuesta de estrés prolongado.
Estudios recientes muestran que aproximadamente una de cada cuatro personas jóvenes sufre victimización por bullying en algún momento de su desarrollo, y que este fenómeno está asociado con malestar emocional, sentimientos de soledad, ansiedad, depresión, conductas autolesivas e incluso ideación suicida.
Si nos ponemos en la situación en la que cada día, durante semanas o meses, alguien te señala, te excluye o ridiculiza, ¿cómo crees que reaccionaría nuestro cerebro? Bajo estas condiciones, se activan sistemas relacionados con el estrés y la amenaza, lo cual no solo afecta el estado de ánimo, sino también la forma en que se procesan experiencias sociales futuras.
En algunos casos extremos, estos cambios pueden dejar huellas duraderas en regiones cerebrales vinculadas a la memoria, la regulación emocional y la recompensa.
El ciclo silencioso del acoso
No siempre el bullying comienza con un gran conflicto visible. Muchas veces empieza con pequeños actos que parecen insignificantes: un apodo que duele más de lo esperado, una burla que se repite, un grupo que excluye.
Con el tiempo, estos actos se acumulan y generan un clima interpersonal en el que la persona acosada empieza a anticipar rechazo o daño. Esto desencadena una respuesta emocional sostenida que puede desembocar en ansiedad social, retraimiento y baja autoestima.
Estudios muestran que la victimización por bullying está asociada con una mayor probabilidad de desarrollar ansiedad y depresión, y que estos efectos no desaparecen automáticamente cuando la agresión cesa.
El impacto psicológico profundo: ¿por qué duele tanto?
El bullying deja dos tipos de huellas:
1. Consecuencias emocionales: La experiencia repetida de rechazo y humillación puede generar un patrón de pensamiento negativo sobre uno mismo (“no valgo”, “nadie me quiere”), condicionar la forma de interpretar el entorno y desencadenar síntomas emocionales como tristeza, miedo o irritabilidad.
2. Consecuencias relacionales: Las personas que han sido acosadas pueden tender a desconfiar de nuevas relaciones, evitar situaciones sociales o interpretar interacciones inofensivas como amenazantes. Esto no es por “sensibilidad excesiva”: es una respuesta adaptativa a una experiencia que el sistema emocional aprendió como peligrosa.
Un estudio reciente encontró que factores como la autocompasión y la flexibilidad emocional pueden amortiguar el impacto negativo del bullying sobre el bienestar mental, sugiriendo que no solo el maltrato importa, sino también cómo la persona aprende a relacionarse consigo misma y con sus emociones.
La familia y la escuela como entornos de contención
El bullying no ocurre en el vacío; siempre está mediado por relaciones y contextos interpersonales. Cuando un adulto cercano, ya sea madre, padre o tutor, escucha, valida el sufrimiento y ofrece apoyo emocional, se construye una base de seguridad psicológica que puede contrarrestar la internalización del maltrato.
Del mismo modo, en la escuela, la forma en que se responde al acoso (si se minimiza, se ignora o se sanciona y se acompaña) influye de manera decisiva en si la víctima mantiene el silencio o busca ayuda. Programas de prevención que fomentan habilidades sociales, empatía y autocontrol han demostrado reducir los efectos traumáticos del bullying cuando se implementan de manera consistente y con apoyo profesional.
No solo víctimas: comprender el rol de los espectadores
El bullying no involucra únicamente al agresor y a la víctima. A menudo, existen testigos que presencian el acoso y, por miedo o presión social, no intervienen.
Esto refuerza al agresor y perpetúa el ciclo de rechazo hacia la víctima. Comprender las emociones y habilidades sociales de estos observadores y fortalecer su capacidad de apoyo es una estrategia clave en la prevención y el cambio de la cultura escolar.
Romper el ciclo: estrategias de intervención
Abordar el bullying no se limita a sancionar conductas, sino a promover ambientes seguros, establecer normas claras de respeto y enseñar habilidades socioemocionales. A nivel terapéutico, cuando trabajamos con personas que han experimentado bullying, nos enfocamos en:
- Reestructurar creencias negativas sobre uno mismo y los demás.
- Procesar emociones asociadas al acoso, como la vergüenza o la ansiedad.
- Fortalecer la autocompasión y la regulación emocional.
- Restaurar la confianza en relaciones sociales sanas.
Todas estas estrategias están respaldadas por investigaciones que muestran mejoras en el bienestar emocional y en la resiliencia frente a experiencias adversas.
Conclusión sobre bullying
El bullying no es una anécdota escolar ni una fase del crecimiento que “simplemente se supera”. Es una experiencia interpersonal que puede dejar huellas profundas y persistentes en la forma en que una persona siente, piensa y se relaciona.
Integrar apoyo emocional, estrategias preventivas y acompañamiento profesional es esencial para ayudar a quienes lo han sufrido a recuperar su sentido de seguridad, autoestima y bienestar.
En Well Being Psicólogos Majadahonda acompañamos a niños, adolescentes y adultos que han vivido experiencias de acoso, ayudándoles a reconstruir su bienestar psicológico, a resignificar lo vivido y a recuperar la confianza en sí mismos y en los demás.
Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino el primer paso hacia la sanación.
Si necesitas orientación o quieres comenzar un proceso terapéutico, estamos aquí para ayudarte. Solicita tu cita por teléfono, whatsapp o web y da el primer paso hacia el bienestar emocional.
Javier Pérez Prado
Referencias
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