Una crisis de pareja no siempre empieza con una gran discusión, una infidelidad o una decisión repentina de separarse. Muchas veces aparece de una forma mucho más silenciosa: se habla menos, se comparten menos cosas, aumentan los reproches, la intimidad disminuye y conversaciones que antes eran sencillas empiezan a terminar mal.
Es entonces cuando pueden aparecer preguntas difíciles: «¿Nos estamos desenamorando?», «¿Esto es solo una mala época?», «¿Por qué discutimos siempre por lo mismo?» o «¿Tiene solución nuestra relación?».
Pasar por un momento complicado no significa necesariamente que una relación haya llegado a su fin. Las parejas cambian con el tiempo y deben adaptarse a etapas nuevas, problemas externos, responsabilidades familiares y transformaciones personales. Lo importante es distinguir una dificultad puntual de un deterioro que se está instalando en la relación y saber cuándo conviene buscar ayuda.
En este artículo explicamos cómo reconocer una crisis de pareja, cuáles son sus causas más frecuentes, qué se puede hacer para afrontarla y cuándo puede ser recomendable acudir a terapia de pareja.
¿Qué es una crisis de pareja?
Podemos hablar de crisis de pareja cuando la forma habitual de relacionarse deja de funcionar satisfactoriamente para uno o para ambos miembros de la relación y aparecen dificultades que la pareja no consigue resolver con sus recursos habituales.
No se trata necesariamente de una ruptura. La palabra «crisis» describe mejor un momento de desequilibrio o cambio en el que aquello que antes funcionaba ya no parece suficiente.
Por ejemplo, una pareja puede haberse entendido perfectamente durante años y empezar a tener problemas después del nacimiento de un hijo. Otra puede descubrir que el reparto de responsabilidades que funcionaba al comienzo de la convivencia ya no resulta justo. En otros casos, los problemas pueden aparecer después de un cambio laboral, una enfermedad, dificultades económicas o simplemente por la acumulación de pequeños conflictos que nunca llegaron a resolverse.
Una crisis puede ser breve y estar vinculada a una circunstancia concreta, pero también puede prolongarse durante meses o incluso años cuando los problemas se repiten sin encontrar una salida.
Por eso, más que preguntarse únicamente si una pareja discute, resulta útil observar cómo se relaciona cuando existe un desacuerdo, qué ocurre después del conflicto y si ambos siguen sintiendo que forman parte del mismo equipo.
¿Todas las parejas pasan por crisis?
Tener problemas en algún momento de una relación es completamente normal. Dos personas pueden quererse y, al mismo tiempo, tener necesidades, expectativas, valores, formas de comunicarse o maneras de gestionar las emociones diferentes.
Además, una relación larga atraviesa numerosas etapas. La vida de una pareja que acaba de empezar suele ser muy diferente de la de dos personas que llevan diez años juntas, tienen hijos, obligaciones laborales, responsabilidades familiares o preocupaciones económicas.
La relación necesita ir adaptándose a esos cambios.
Por tanto, la existencia de conflictos no permite determinar por sí sola si una pareja funciona bien o mal. Hay parejas que discrepan con frecuencia y consiguen resolver sus diferencias, mientras que otras apenas discuten porque han dejado de abordar cualquier asunto que pueda generar tensión.
De hecho, la ausencia total de discusiones tampoco garantiza que exista una relación satisfactoria. Evitar continuamente cualquier conflicto puede provocar que determinadas necesidades nunca lleguen a expresarse.
Señales de que una pareja puede estar atravesando una crisis
No existe una prueba sencilla que permita determinar si una relación está en crisis. Cada pareja tiene su propia historia y sus propios patrones de funcionamiento.
Sin embargo, cuando varias de las siguientes situaciones aparecen de forma repetida o se mantienen durante un periodo prolongado, puede ser conveniente prestarles atención.
1. Discutís continuamente por los mismos motivos
La sensación de estar teniendo una y otra vez la misma discusión es una de las situaciones más frecuentes en las crisis de pareja.
Puede cambiar el motivo aparente —las tareas de casa, el dinero, los horarios, los hijos, el móvil o la familia política— pero el diálogo termina siguiendo prácticamente siempre el mismo recorrido.
Uno hace una crítica, el otro se defiende, aparece un reproche antiguo, aumenta el tono de la conversación y finalmente alguno de los dos abandona la discusión o ambos dejan de hablarse.
Cuando esto ocurre, el problema no suele estar únicamente en el asunto que ha provocado la discusión. Debajo pueden existir necesidades que ninguno de los dos está consiguiendo expresar adecuadamente: sentirse valorado, escuchado, tenido en cuenta, respetado o acompañado.
2. Sentís que ya no podéis hablar sin discutir
En algunas parejas llega un momento en el que determinadas conversaciones parecen imposibles.
Uno de los dos intenta plantear algo que le preocupa y la otra persona interpreta inmediatamente que está siendo atacada. La conversación empieza a girar alrededor de quién tiene razón, quién empezó el problema o quién ha cometido más errores.
Cuando esto sucede con frecuencia, ambos pueden comenzar a evitar ciertos temas para no generar una nueva discusión.
El problema es que aquello que no se habla normalmente no desaparece. Puede convertirse en resentimiento, distancia o sensación de incomprensión.
3. Ha aumentado la distancia emocional
Una crisis no siempre se manifiesta mediante conflictos intensos. En ocasiones ocurre justamente lo contrario.
La pareja deja de discutir porque progresivamente ha dejado también de compartir pensamientos, preocupaciones, deseos o experiencias importantes.
Las conversaciones se limitan a cuestiones prácticas: quién recoge a los niños, qué hay que comprar, cuándo hay que pagar una factura o qué planes existen para el fin de semana.
Puede mantenerse una convivencia aparentemente tranquila mientras aumenta la sensación de estar viviendo con alguien que cada vez resulta más distante.
4. Ha disminuido el afecto o la intimidad
Los cambios en la intimidad también pueden ser una señal de que algo está ocurriendo en la relación.
No hablamos únicamente de relaciones sexuales. La intimidad incluye las muestras espontáneas de afecto, el contacto físico, las conversaciones personales, las bromas compartidas, la curiosidad por el otro o la sensación de complicidad.
El deseo sexual puede variar por muchas razones y atravesar etapas diferentes sin que exista necesariamente un problema de pareja. Sin embargo, cuando el alejamiento afectivo y sexual aparece junto a otros signos de desconexión, merece la pena preguntarse qué está sucediendo.
5. Pasar tiempo juntos ha dejado de ser agradable
En una relación saludable cada persona necesita también espacios propios, amigos, intereses y actividades independientes.
El problema aparece cuando estar lejos de la pareja se convierte sistemáticamente en una fuente de alivio y cualquier momento compartido empieza a vivirse como una obligación.
Puede suceder que ambos organicen progresivamente sus vidas por separado, permanezcan constantemente pendientes del teléfono cuando están juntos o prefieran prolongar cualquier actividad antes que regresar a casa.
6. Se acumulan reproches del pasado
Un conflicto actual puede convertirse rápidamente en un repaso de todo lo que la otra persona ha hecho mal durante los últimos años.
Cuando una pareja no consigue reparar determinadas heridas, estas vuelven a aparecer una y otra vez en discusiones posteriores.
Así, una conversación sobre un asunto pequeño puede terminar conectándose con conflictos aparentemente ajenos que ocurrieron meses o años atrás.
La acumulación de resentimiento dificulta enormemente la resolución de nuevos problemas porque cualquier desacuerdo activa también conflictos antiguos.
7. Os sentís más como compañeros de piso que como pareja
Muchas personas describen así el momento en el que empiezan a plantearse si existe una crisis.
La convivencia continúa funcionando: se atienden las obligaciones, se gestionan los hijos, se organizan las tareas domésticas y quizá incluso se mantienen actividades sociales compartidas.
Sin embargo, se ha perdido gran parte de la conexión emocional que distinguía la relación de pareja de cualquier otra relación de convivencia.
No significa necesariamente que haya desaparecido el cariño. En ocasiones existe afecto, pero el vínculo ha quedado sepultado bajo las responsabilidades cotidianas.
8. Uno o ambos empiezan a fantasear frecuentemente con separarse
Pensar alguna vez cómo sería la vida sin la pareja no constituye por sí mismo una señal definitiva.
Sin embargo, cuando la separación aparece constantemente como única vía para terminar con el malestar, merece la pena analizar qué está ocurriendo.
Especialmente cuando esos pensamientos no aparecen después de una discusión puntual, sino que se mantienen incluso en momentos de calma.
Causas frecuentes de una crisis de pareja
Las crisis rara vez tienen una única causa. Normalmente intervienen varios factores que se influyen mutuamente y terminan generando una dinámica difícil de romper.
Entre los motivos que aparecen con frecuencia encontramos los siguientes.
Problemas de comunicación
Cuando se habla de problemas de pareja es habitual decir que «falta comunicación», aunque muchas veces el problema no es exactamente que la pareja no hable.
Puede hablar muchísimo y comunicarse mal.
Interrumpir, interpretar las intenciones del otro, utilizar sarcasmo, responder defensivamente, generalizar con expresiones como «siempre haces lo mismo» o «nunca me escuchas» o intentar resolver una conversación cuando ambos están muy alterados son patrones que dificultan llegar a acuerdos.
Con el tiempo, ambos pueden tener la sensación de que el otro nunca les entiende.
Diferencias en las expectativas
No todas las parejas hablan explícitamente de lo que esperan de una relación.
Cuánto tiempo desean pasar juntos, cómo quieren gestionar el dinero, qué papel tendrá cada familia, cómo se repartirán las tareas, cómo entienden la fidelidad, si quieren tener hijos o cómo imaginan su futuro son cuestiones fundamentales.
Cuando las expectativas son diferentes pero nunca se han hablado claramente, es fácil que cada persona interprete la conducta de la otra como una decepción o una falta de compromiso.
Reparto desigual de responsabilidades
Las tareas domésticas, el cuidado de los hijos, la organización familiar y la denominada carga mental pueden convertirse en una fuente importante de conflicto.
El problema no reside únicamente en cuántas tareas realiza cada persona. También influye la percepción de justicia.
Una relación puede deteriorarse cuando alguno siente que siempre debe anticiparse a las necesidades de la familia, organizarlo todo o recordar constantemente al otro lo que debe hacer.
La llegada de los hijos
Tener hijos transforma profundamente la dinámica de muchas parejas.
Disminuye el tiempo disponible, aumenta el cansancio, aparecen nuevas responsabilidades y cada progenitor puede tener ideas diferentes sobre la crianza.
Además, la relación de pareja puede quedar relegada durante mucho tiempo detrás de las obligaciones familiares.
Esto no significa que tener hijos deteriore inevitablemente una relación, pero sí supone una etapa de adaptación especialmente exigente.
Problemas económicos
El dinero puede generar conflictos tanto cuando escasea como cuando existen formas muy diferentes de administrarlo.
Ahorrar o gastar, decidir qué compras son prioritarias, mantener cuentas separadas o conjuntas, afrontar una deuda o asumir diferencias importantes de ingresos puede provocar discusiones que van más allá de la cuestión económica.
En muchas ocasiones el dinero está relacionado con valores más profundos como seguridad, independencia, responsabilidad o control.
Estrés laboral y falta de tiempo
Una pareja no existe aislada del resto de la vida.
Jornadas laborales largas, problemas profesionales, desplazamientos, preocupaciones económicas, cuidado de familiares o falta de descanso pueden reducir enormemente los recursos emocionales disponibles para la relación.
A veces, el conflicto que aparece dentro de la pareja tiene parte de su origen fuera de ella.
Diferencias en la sexualidad
Las diferencias de deseo, frecuencia, preferencias o expectativas sexuales pueden convertirse en una fuente de frustración cuando resulta difícil hablar de ellas.
Además, algunos problemas sexuales pueden estar relacionados con factores físicos, psicológicos, farmacológicos o relacionales.
Evitar el tema por vergüenza o miedo al rechazo puede aumentar progresivamente la distancia.
Una infidelidad o pérdida de confianza
Una infidelidad puede producir una crisis profunda porque afecta a aspectos fundamentales de la relación: confianza, seguridad, expectativas y compromiso.
No todas las parejas reaccionan de la misma forma ni todas toman la misma decisión después de una infidelidad.
Algunas deciden separarse; otras intentan reconstruir el vínculo. En cualquiera de los casos, suele ser necesario procesar lo ocurrido y evitar que la relación quede atrapada indefinidamente en interrogatorios, acusaciones y comprobaciones.
Cambios personales
Las personas cambian a lo largo de los años.
Pueden modificar sus prioridades, intereses, valores, objetivos profesionales o proyectos de vida. Una pareja que encajaba perfectamente en una determinada etapa puede necesitar renegociar muchos aspectos años después.
El reto consiste en comprobar si ambos pueden seguir construyendo un proyecto compartido sin impedir al otro evolucionar.
¿Una crisis de pareja significa que se ha acabado el amor?
No necesariamente.
Cuando una relación atraviesa un periodo de conflicto intenso, resulta difícil distinguir entre la pérdida del amor y el agotamiento provocado por una dinámica negativa.
Después de meses discutiendo, alguien puede sentirse emocionalmente desconectado y pensar que ya no quiere a su pareja. En otras ocasiones, esa conclusión puede reflejar realmente un cambio profundo en sus sentimientos.
No existe una prueba rápida para diferenciarlos.
Por eso, tomar decisiones importantes justo después de una discusión especialmente intensa puede dificultar todavía más la situación.
Resulta más útil observar la relación en perspectiva: qué ocurre cuando no existe conflicto, si continúa habiendo afecto, si queda interés por comprender al otro, si existe disposición para introducir cambios y si ambos desean explorar la posibilidad de reconstruir el vínculo.
Qué hacer ante una crisis de pareja
Cuando los problemas se han acumulado durante mucho tiempo, intentar solucionarlo todo en una conversación de tres horas suele terminar generando todavía más frustración.
Puede ser más útil empezar introduciendo cambios concretos.
Reconocer que existe un problema
No es necesario determinar inmediatamente quién tiene razón.
El primer paso puede ser tan sencillo —y a veces tan difícil— como reconocer que la forma actual de relacionarse está haciendo sufrir a ambos y necesita cambiar.
Una conversación puede comenzar desde una posición diferente si en lugar de decir «tú eres el problema» se plantea: «No me gusta cómo estamos últimamente y me gustaría que intentáramos entender qué nos está pasando».
Hablar del problema cuando estéis tranquilos
Intentar resolver un conflicto en el momento de máxima activación emocional suele ser poco eficaz.
Si la conversación está aumentando de intensidad, puede ser preferible interrumpirla y retomarla cuando ambos puedan escuchar.
Eso sí, hacer una pausa no debería convertirse en desaparecer indefinidamente o utilizar el silencio como castigo.
Puede acordarse explícitamente cuándo se retomará la conversación.
Hablar de lo que uno siente en lugar de definir al otro
Existe una diferencia importante entre decir «eres un egoísta» y explicar «cuando tomo estas decisiones solo me siento poco tenido en cuenta».
En el primer caso estamos definiendo negativamente a la otra persona. En el segundo estamos describiendo una experiencia y una necesidad.
Esto no garantiza que el otro esté de acuerdo, pero facilita que la conversación se centre en el problema en lugar de convertirse en una defensa de la propia identidad.
Intentar comprender antes de responder
Escuchar no significa dar la razón.
Dos personas pueden interpretar una misma situación de formas completamente diferentes y ambas experiencias pueden ser comprensibles.
Cuando cada miembro de la pareja dedica toda la conversación a preparar su siguiente argumento, ninguno está realmente intentando entender al otro.
Preguntar «¿qué fue lo que más te dolió de aquello?» puede ser más útil que intentar demostrar inmediatamente por qué la otra persona está equivocada.
Identificar el problema concreto
Expresiones como «nuestra relación es un desastre» o «ya no funciona nada» reflejan sufrimiento, pero resultan difíciles de transformar en soluciones.
Conviene concretar.
¿El problema es el reparto de tareas? ¿La falta de tiempo juntos? ¿Las discusiones delante de los hijos? ¿La relación con las familias? ¿La sexualidad? ¿La desconfianza? ¿Una decisión económica?
Cuanto más específico sea el problema, más posibilidades existen de plantear cambios observables.
No intentar resolver diez conflictos simultáneamente
Una de las trampas habituales consiste en aprovechar una conversación para sacar todos los asuntos pendientes de los últimos años.
Eso hace prácticamente imposible llegar a ningún acuerdo.
Puede ser preferible elegir un problema, analizar qué necesita cada uno y buscar un pequeño cambio que ambos puedan probar durante un periodo determinado.
Recuperar espacios de pareja
No todos los problemas se solucionan hablando sobre problemas.
Cuando una relación lleva meses centrada exclusivamente en obligaciones y conflictos, puede ser necesario recuperar también experiencias positivas compartidas.
No hace falta organizar constantemente grandes planes románticos. Pasear, tomar un café, cenar sin teléfonos o recuperar una actividad que antes disfrutabais puede ayudar a generar espacios en los que la relación no gire únicamente alrededor de las dificultades.
Estos momentos no sustituyen la necesidad de afrontar los problemas importantes, pero pueden recordar a ambos que existe algo más que el conflicto.
Errores frecuentes cuando intentamos solucionar una crisis
La intención de arreglar la relación no garantiza que las estrategias elegidas sean útiles.
Algunas conductas pueden aumentar el conflicto aunque inicialmente parezcan una forma de protegerse.
- Intentar obligar al otro a hablar inmediatamente. Una conversación importante necesita disposición por ambas partes.
- Amenazar continuamente con terminar la relación. Utilizar la ruptura como argumento en cada discusión puede aumentar enormemente la inseguridad.
- Buscar aliados. Involucrar permanentemente a familiares o amigos para demostrar quién tiene razón puede complicar todavía más el conflicto.
- Esperar que el otro adivine lo que necesitamos. Las necesidades que parecen evidentes para una persona pueden no serlo para la otra.
- Controlar al otro para recuperar la confianza. Revisar continuamente el teléfono, exigir pruebas o vigilar puede mantener una dinámica de desconfianza en lugar de resolverla.
- Pensar que pedir ayuda significa que la relación ha fracasado. Muchas parejas solicitan ayuda precisamente porque quieren comprender lo que está ocurriendo antes de que el deterioro sea mayor.
¿Cuándo acudir a terapia de pareja?
No existe un momento exacto en el que una pareja «deba» acudir a terapia.
Sin embargo, puede ser recomendable planteárselo cuando los intentos de solucionar los problemas terminan siempre de la misma manera, cuando el malestar se mantiene en el tiempo o cuando ambos sienten que han perdido herramientas para hablar sin hacerse daño.
También puede ser útil cuando existe una decisión importante sobre la relación y resulta difícil abordarla sin entrar continuamente en conflicto.
No hace falta esperar a estar a punto de separarse.
En Well Being Psicólogos Majadahonda trabajamos con parejas que atraviesan dificultades de comunicación, distanciamiento emocional, conflictos repetidos, pérdida de confianza y diferentes momentos de crisis. Puedes consultar aquí nuestro servicio de terapia de pareja en Majadahonda.
El objetivo de una terapia no consiste simplemente en decidir quién tiene razón ni en convencer a dos personas de que continúen juntas.
El trabajo terapéutico permite observar las dinámicas que se han instalado, comprender qué ocurre durante los conflictos, aprender nuevas formas de comunicación y explorar las necesidades de ambos miembros de la relación.
En ocasiones el objetivo será reconstruir el vínculo. En otras, la terapia puede ayudar a tomar decisiones de forma más reflexiva. Una relación no debe mantenerse a cualquier precio.
¿Y si mi pareja no quiere ir a terapia?
Esta situación es relativamente frecuente.
Una persona puede considerar que existe un problema importante mientras la otra cree que acudir a un psicólogo es innecesario, exagerado o supone admitir que la relación está mal.
Intentar obligar a alguien a participar en terapia suele ser poco útil.
Puede resultar más adecuado explicar qué está ocurriendo desde la propia experiencia: «Yo estoy sufriendo con esta situación y creo que necesitamos ayuda para encontrar otra forma de afrontarla».
También conviene explicar que acudir a terapia no implica comprometerse previamente a continuar juntos ni aceptar la versión del otro.
Si aun así la otra persona no desea participar, quien está experimentando malestar puede solicitar ayuda individual. Trabajar sobre las propias emociones, límites, decisiones y formas de responder a los conflictos también puede ser útil.
Cuándo una crisis de pareja no debe tratarse como un simple problema de comunicación
Es importante diferenciar los conflictos habituales de pareja de las situaciones en las que existe violencia, intimidación, amenazas, coerción o miedo.
Insultar de forma sistemática, humillar, amenazar, controlar el dinero, impedir relaciones sociales, vigilar constantemente, coaccionar sexualmente o utilizar el miedo para imponer decisiones no son simplemente «problemas de comunicación».
Si existe violencia o temor por la propia seguridad, la prioridad debe ser buscar protección y asesoramiento especializado, no intentar negociar el conflicto como si ambas personas estuvieran en una situación equivalente.
En España, el Servicio 016 de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género ofrece información, asesoramiento jurídico y atención psicosocial inmediata especializada. En una situación de emergencia puede llamarse al 112.
¿Se puede superar una crisis de pareja?
Muchas crisis pueden abordarse, pero no existe una respuesta válida para todas las relaciones.
Superar una crisis tampoco significa regresar exactamente al punto en el que se encontraba la pareja antes de que aparecieran los problemas.
A menudo implica construir una relación diferente.
Puede requerir revisar acuerdos que llevaban años funcionando, aprender a expresar necesidades de otra forma, asumir responsabilidades, recuperar espacios de intimidad o aceptar que determinadas diferencias seguirán existiendo y necesitan gestionarse.
Para que exista un cambio resulta importante que ambos puedan observar también su propia participación en la dinámica. Si cada uno considera que la única solución consiste en que cambie el otro, será muy difícil construir algo diferente.
Esto no significa repartir automáticamente la responsabilidad al 50 % en cualquier situación. Hay comportamientos concretos de los que cada persona debe responsabilizarse individualmente.
Pero en los conflictos relacionales habituales, comprender el ciclo que se genera entre ambos suele resultar más útil que buscar permanentemente un culpable.
Cómo saber si vuestra relación merece una oportunidad
No existe una lista que pueda tomar esa decisión por vosotros.
Una relación puede tener problemas importantes y conservar al mismo tiempo elementos valiosos. Otra puede funcionar aparentemente bien desde fuera y resultar profundamente insatisfactoria para quienes la viven.
En lugar de buscar una respuesta automática, puede ser útil hacerse algunas preguntas:
- ¿Todavía existe respeto entre nosotros?
- ¿Podemos reconocer el sufrimiento del otro aunque no estemos de acuerdo?
- ¿Existe voluntad real de introducir cambios?
- ¿Ambos asumimos alguna responsabilidad en lo que está ocurriendo?
- ¿Seguimos teniendo momentos de conexión o afecto?
- ¿Los problemas aparecen alrededor de situaciones concretas o sentimos que el rechazo afecta ya a prácticamente toda la relación?
- ¿Queremos intentar mejorar la relación o simplemente tenemos miedo a terminarla?
Las respuestas no siempre aparecen inmediatamente.
Precisamente por eso, algunas parejas buscan ayuda profesional: no necesariamente porque hayan decidido continuar juntas, sino porque necesitan comprender qué está ocurriendo antes de tomar una decisión importante.
Preguntas frecuentes sobre las crisis de pareja
¿Cuánto puede durar una crisis de pareja?
No existe una duración determinada. Algunas crisis están relacionadas con una circunstancia puntual y disminuyen cuando esa situación se resuelve. Otras se mantienen durante meses o años porque la pareja entra en una dinámica repetitiva de conflicto, evitación o distanciamiento. Más que establecer un plazo concreto, conviene observar si la situación está evolucionando, si ambos están realizando cambios y si estos cambios mejoran realmente la relación. Cuando pasa el tiempo y los problemas se repiten prácticamente de la misma forma, puede resultar útil buscar ayuda profesional.
¿Cómo saber si es una crisis o si se ha acabado el amor?
Puede ser difícil distinguirlo, especialmente durante una etapa de gran desgaste emocional. Una crisis puede generar enfado, decepción e incluso sensación de desconexión sin que necesariamente hayan desaparecido todos los sentimientos hacia la pareja. Es útil observar qué ocurre fuera de los momentos de conflicto: si existe interés por el bienestar del otro, afecto, voluntad de comprenderse y disposición para intentar cambios. En cualquier caso, nadie externo puede determinar automáticamente si una relación debe continuar. Cuando existe mucha confusión, la terapia puede ayudar a explorar lo que cada persona siente y necesita.
¿Qué hacer si discutimos todos los días?
Si las discusiones son constantes, puede ser útil dejar de intentar resolver cada conflicto únicamente cuando aparece. Conviene observar el patrón: cómo empiezan las discusiones, qué hace cada uno cuando aumenta la tensión y cómo terminan. También puede ayudar acordar momentos tranquilos para hablar de un solo problema cada vez y expresar necesidades concretas en lugar de acusaciones generales. Si incluso intentándolo las conversaciones acaban rápidamente en reproches, ataques o silencio, una terapia de pareja puede proporcionar herramientas para modificar esa dinámica.
¿La falta de relaciones sexuales significa que existe una crisis?
No necesariamente. El deseo sexual puede variar a lo largo de una relación debido a múltiples factores: cansancio, estrés, crianza, problemas médicos, cambios hormonales, medicación o circunstancias personales, entre otros. La frecuencia de las relaciones sexuales tampoco determina por sí sola la calidad de una pareja. Puede ser conveniente prestar atención cuando el cambio provoca sufrimiento, rechazo, resentimiento o se acompaña de una pérdida más amplia de intimidad y conexión emocional. En esos casos es importante poder hablar sobre lo que está ocurriendo sin convertir el sexo en una obligación.
¿Cuándo es demasiado tarde para ir a terapia de pareja?
No existe un momento universal a partir del cual una terapia sea automáticamente inútil. Sin embargo, cuanto más tiempo lleva instalada una dinámica de resentimiento, desprecio o desconexión, más complejo puede resultar modificarla. Por eso no es necesario esperar a que la relación esté al límite. También debe tenerse en cuenta que el objetivo de la terapia no siempre será mantener la pareja. En determinadas situaciones puede ayudar a comprender si existe voluntad de reconstrucción o a afrontar una posible separación de una forma más consciente.
¿La terapia de pareja funciona si solo uno quiere cambiar?
Para trabajar conjuntamente resulta importante que ambos miembros estén dispuestos, al menos, a participar y explorar lo que está ocurriendo. No es necesario que lleguen a consulta con el mismo grado de motivación, pero resulta difícil realizar un proceso de pareja si una persona rechaza por completo cualquier implicación. Cuando uno de los dos no desea acudir, la otra persona puede iniciar terapia individual para trabajar su propio malestar, sus límites, sus decisiones y su forma de responder dentro de la relación.
No hace falta esperar a que la relación esté al límite
Muchas parejas posponen durante meses la búsqueda de ayuda porque consideran que deberían ser capaces de resolver sus problemas por sí mismas.
Mientras tanto, cada nuevo conflicto se añade a los anteriores y ambos empiezan a anticipar cómo terminará cualquier conversación incluso antes de iniciarla.
Una crisis de pareja no significa necesariamente que la relación esté rota. Puede ser la señal de que la forma en la que os habéis relacionado hasta ahora necesita cambiar.
Reconocerlo no supone fracasar.
Si lleváis tiempo discutiendo por los mismos asuntos, habéis perdido conexión, sentís que ya no conseguís entenderos o simplemente necesitáis un espacio en el que analizar qué está ocurriendo, podéis conocer cómo trabajamos en nuestro servicio de psicoterapia de pareja en Majadahonda.
En Well Being Psicólogos Majadahonda atendemos en C. Sta. Catalina, 29, Majadahonda. Para solicitar información o pedir cita podéis llamar al 650 84 66 12 o escribir a info@psicologosenmajadahonda.es.