La respuesta depende de cada caso. La terapia familiar en Majadahonda no consiste simplemente en reunir a toda la familia en una habitación. Su objetivo es comprender cómo se relacionan sus miembros, qué patrones están generando malestar y qué cambios pueden ayudar a mejorar la convivencia y las relaciones. En función del problema, el psicólogo puede trabajar con toda la familia, con algunos de sus miembros o combinar distintos formatos a lo largo del proceso.
Qué es la terapia familiar y qué se trabaja en ella
La terapia familiar parte de una idea importante: muchas dificultades psicológicas y relacionales no pueden entenderse completamente observando únicamente a una persona de manera aislada. Todos formamos parte de sistemas de relaciones y lo que hace, siente o cambia uno de sus miembros puede influir en los demás.
Esto no significa buscar culpables dentro de la familia. Precisamente, uno de los objetivos es abandonar explicaciones del tipo «el problema es mi hijo», «todo ocurre por culpa de mi pareja» o «si esta persona cambiara, todo estaría bien» para analizar qué está ocurriendo entre las personas y cómo se mantienen determinados patrones.
La American Psychological Association define la terapia familiar como una forma de psicoterapia dirigida a mejorar las relaciones y la comunicación entre los integrantes de una familia. Del mismo modo, los servicios especializados del NHS británico destacan que su objetivo es ayudar a los miembros de una familia a encontrar maneras de apoyarse mutuamente, independientemente de que el problema se perciba inicialmente como individual o familiar.
Cuándo conviene acudir a terapia familiar
No hace falta esperar a que la convivencia resulte insoportable o a que aparezca una crisis grave. La terapia familiar puede ser útil cuando una dificultad afecta a varias personas de la familia o cuando los intentos de solucionarla acaban generando siempre las mismas discusiones, reacciones o bloqueos.
Algunas situaciones en las que puede ser aconsejable valorar una intervención familiar son las siguientes:
- Conflictos frecuentes entre padres e hijos.
- Problemas de comunicación que terminan habitualmente en discusiones.
- Dificultades para establecer límites y normas en casa.
- Cambios importantes en el comportamiento de un niño o adolescente.
- Diferencias importantes entre los progenitores respecto a la educación de los hijos.
- Separaciones, divorcios o procesos de reorganización familiar.
- Familias reconstituidas en las que es necesario adaptar roles y relaciones.
- Duelo o enfermedad de un miembro de la familia.
- Problemas emocionales de una persona que están afectando a todo el entorno familiar.
- Situaciones en las que la familia siente que ha probado muchas formas de solucionar el problema sin conseguir cambios duraderos.
En otros casos, el motivo aparente puede ser muy concreto —por ejemplo, un adolescente que se aísla, un niño con frecuentes explosiones de ira o unos padres que discrepan constantemente sobre las normas—, pero durante la evaluación puede observarse que resulta útil trabajar también algunas dinámicas familiares.
¿Tienen que participar todos los miembros de la familia?
No necesariamente. Esta es probablemente una de las principales diferencias entre la idea popular de «ir a terapia en familia» y el modo en que puede desarrollarse realmente una intervención psicológica.
El psicólogo decidirá qué personas conviene que participen en función del motivo de consulta, la edad de los hijos, las relaciones existentes y los objetivos que se hayan establecido.
Puede haber sesiones con toda la familia, pero también sesiones únicamente con los progenitores, con uno de ellos, con los hijos o con diferentes combinaciones de miembros de la familia.
Incluso es posible que una intervención tenga un enfoque familiar aunque en algunas sesiones solo participe una persona. Lo importante no es cuántas personas están físicamente en la consulta, sino qué relaciones y patrones se están trabajando.
Quién debería acudir a la primera sesión de terapia familiar
Tampoco existe una regla única para la primera consulta. En Well Being valoramos previamente el motivo de consulta para determinar quién debería acudir inicialmente y cuál puede ser la forma más útil de comenzar la evaluación.
Cuando el problema afecta principalmente a un niño pequeño, por ejemplo, puede resultar conveniente comenzar hablando con los padres para comprender qué sucede, desde cuándo y cómo están reaccionando los diferentes miembros de la familia. Este sistema también forma parte de nuestra forma de trabajar en psicología infantil en Majadahonda, donde la colaboración con los progenitores tiene un papel importante en el proceso terapéutico.
En otras circunstancias puede ser preferible que acudan varios miembros desde el principio. Si el conflicto está relacionado directamente con la convivencia familiar, observar cómo explica cada persona la situación permite al psicólogo comprender perspectivas diferentes de un mismo problema.
La primera sesión sirve precisamente para realizar esta valoración y decidir cómo organizar las siguientes.
¿Y si uno de los miembros de la familia no quiere participar?
Es frecuente que no toda la familia esté igual de convencida sobre la necesidad de acudir a un psicólogo. Una persona puede considerar que existe un problema mientras otra piensa que se está exagerando. Los adolescentes, en particular, pueden interpretar la propuesta de acudir a terapia como una acusación o como un intento de los padres de conseguir que alguien les dé la razón.
La negativa inicial de una persona no significa necesariamente que no pueda hacerse ningún trabajo terapéutico.
En algunos casos se puede comenzar con los miembros que sí están dispuestos a participar. Modificar la forma en la que una parte de la familia responde ante determinadas situaciones puede producir cambios en la dinámica general.
También es importante cuidar la manera de proponer la terapia. Resulta muy diferente decir «tenemos que llevarte al psicólogo porque tienes un problema» que explicar «creemos que en casa hay cosas que no estamos sabiendo solucionar entre todos y queremos pedir ayuda».
Cuando se trata de hijos, puede ser especialmente útil evitar presentar al menor como el único responsable de lo que sucede. En nuestro artículo sobre cómo mejorar la comunicación con los hijos explicamos algunas pautas que pueden ayudar a expresar lo que necesitamos sin convertir la conversación en un enfrentamiento.
Terapia familiar cuando el problema parece estar en un hijo
Uno de los motivos más habituales para solicitar ayuda psicológica es un cambio en el comportamiento de un niño o adolescente. Pueden aparecer discusiones constantes, problemas escolares, aislamiento, incumplimiento de normas, dificultades emocionales o una convivencia cada vez más tensa.
En estas situaciones es comprensible que los padres piensen inicialmente que quien necesita terapia es exclusivamente su hijo. A veces será así y resultará conveniente realizar una intervención individual. Pero en otras ocasiones puede ser útil incorporar también a los progenitores o trabajar determinadas dinámicas familiares.
Esto no implica responsabilizar a los padres del problema. Significa aprovechar todos los recursos disponibles para favorecer el cambio.
Los padres pueden aprender nuevas formas de establecer límites, gestionar conflictos, responder ante determinadas conductas o comunicarse con su hijo. De este modo, el trabajo realizado durante una sesión psicológica puede continuar teniendo efectos durante el resto de la semana en el entorno cotidiano del menor.
¿Terapia familiar, terapia de pareja o terapia individual?
Otra duda frecuente consiste en saber qué modalidad es la adecuada. Las fronteras no siempre son evidentes antes de realizar una primera valoración.
Puede ser más adecuada la terapia familiar cuando…
El problema afecta a la convivencia, implica a padres e hijos, existen conflictos entre varios miembros o se observan patrones relacionales que contribuyen a mantener la dificultad.
Puede ser más adecuada la terapia de pareja cuando…
El conflicto se encuentra fundamentalmente dentro de la relación entre los dos miembros de la pareja: problemas de comunicación, pérdida de confianza, infidelidad, distanciamiento emocional o desacuerdos importantes sobre el futuro de la relación. En estos casos puede valorarse nuestra terapia de pareja en Majadahonda.
Puede ser más adecuada la terapia individual cuando…
El principal objetivo se relaciona con el bienestar emocional, los pensamientos, comportamientos o experiencias de una persona concreta y no existe inicialmente una necesidad de intervenir sobre el funcionamiento familiar. Para estos casos disponemos también de psicoterapia individual para adultos.
Estas modalidades, además, no tienen por qué ser excluyentes. El psicólogo puede recomendar un formato inicial y modificarlo posteriormente si la evaluación muestra nuevas necesidades.
Qué ocurre en las primeras sesiones de terapia familiar
Las primeras consultas se utilizan para conocer el motivo por el que la familia solicita ayuda y entender cómo percibe cada miembro la situación.
Es frecuente que distintas personas describan de manera muy diferente el mismo conflicto. Para un adolescente el problema puede ser que sus padres intentan controlarlo constantemente, mientras que los padres pueden sentir que su hijo ha dejado de respetar cualquier límite. El objetivo del psicólogo no es decidir rápidamente quién tiene razón, sino comprender qué ocurre entre ellos.
Durante estas primeras sesiones pueden explorarse cuestiones como:
- cuándo comenzó el problema;
- qué situaciones desencadenan habitualmente los conflictos;
- cómo reacciona cada miembro;
- qué ocurre después de las discusiones;
- qué soluciones se han intentado hasta ahora;
- qué cambios importantes ha vivido recientemente la familia;
- qué espera cada persona de la terapia;
- y qué aspectos de la relación funcionan bien y pueden utilizarse como apoyo.
A partir de esta información se establecen unos objetivos y se propone la manera más adecuada de organizar las sesiones.
La terapia familiar no consiste en decidir quién tiene razón
Este punto es especialmente importante. Algunas familias llegan a consulta esperando que el psicólogo actúe como árbitro y confirme cuál de las partes está actuando correctamente.
Sin embargo, reducir un conflicto familiar a determinar quién tiene razón suele aportar poco. En muchas discusiones cada persona reacciona ante la reacción de la otra y acaba creándose un circuito que se repite.
Por ejemplo, unos padres preocupados pueden aumentar el control sobre un adolescente. El adolescente puede interpretar ese control como falta de confianza y responder ocultando más información. Los padres perciben entonces ese secretismo como una confirmación de que necesitan controlar todavía más.
El trabajo terapéutico permite identificar estos ciclos y buscar respuestas diferentes que interrumpan su repetición.
¿Hay situaciones en las que no conviene reunir a toda la familia?
Sí. El formato de la intervención debe adaptarse siempre a las circunstancias concretas y, ante determinadas situaciones, puede no ser conveniente realizar sesiones conjuntas desde el comienzo o incluso puede ser necesario plantear otro tipo de intervención.
Cuando existen situaciones de violencia, amenazas, intimidación, miedo hacia otro miembro de la familia o cualquier circunstancia que pueda comprometer la seguridad de una persona, el psicólogo debe valorar cuidadosamente el caso antes de reunir a todos los implicados.
También puede ser necesario realizar sesiones individuales para obtener información que una persona no se sentiría capaz de expresar delante de los demás.
La prioridad no es conseguir que «todos estén en terapia», sino establecer la forma de intervención que resulte más segura y adecuada para cada situación.
¿Hay que esperar a que el problema sea grave?
No. De hecho, pedir ayuda cuando empiezan a aparecer patrones que generan malestar puede evitar que el conflicto se cronifique.
Todas las familias atraviesan discusiones y periodos complicados. La existencia de conflictos no significa por sí sola que sea necesaria una intervención psicológica. Puede ser recomendable consultar cuando esos conflictos son muy frecuentes, producen un sufrimiento importante, afectan al funcionamiento cotidiano o la familia siente que ya no dispone de recursos para resolverlos.
También puede ser útil acudir antes de una transición importante si existen dificultades para afrontarla: una separación, la llegada de nuevos miembros a una familia reconstituida, cambios relevantes en la convivencia o determinados momentos del desarrollo de los hijos.
Qué puede aprender una familia durante la terapia
Los objetivos dependen de cada caso, pero la terapia puede ayudar a desarrollar herramientas para:
- comunicarse sin convertir cada diferencia en una discusión;
- escuchar y comprender mejor el punto de vista de los demás;
- establecer límites más claros;
- reducir reproches y acusaciones;
- identificar patrones que se repiten;
- gestionar de otra manera los conflictos;
- adaptarse a cambios familiares importantes;
- y recuperar formas de relación que se han ido deteriorando con el tiempo.
La finalidad no es construir una familia en la que nunca existan desacuerdos. Eso sería poco realista. El objetivo es que sus miembros dispongan de mejores recursos para afrontar esos desacuerdos y evitar que terminen dañando continuamente la relación.
Preguntas frecuentes sobre terapia familiar
¿Puede hacerse terapia familiar si uno de los miembros no quiere acudir?
Sí, en determinados casos se puede empezar trabajando con las personas que están dispuestas a participar. El psicólogo valorará si resulta adecuado continuar de esta manera o si sería conveniente intentar incorporar posteriormente a otros miembros.
¿Los niños participan en las sesiones de terapia familiar?
Depende de su edad, del motivo de consulta y de los objetivos del tratamiento. Algunas sesiones pueden realizarse con los padres y otras incluir a los hijos. El formato se adapta a cada familia.
¿Se hacen también sesiones individuales?
Pueden realizarse cuando el profesional considera que ayudarán a comprender mejor el caso o a trabajar algún aspecto específico. La terapia familiar no obliga a que todas las consultas sean conjuntas.
¿La terapia familiar sirve solo para familias con hijos?
No. Puede trabajarse con diferentes tipos de relaciones familiares: padres e hijos adultos, hermanos, familias reconstituidas u otras personas significativas que formen parte del sistema familiar.
¿Qué diferencia hay entre terapia familiar y terapia de pareja?
La terapia de pareja se centra principalmente en la relación entre los integrantes de la pareja. La terapia familiar amplía el foco a las relaciones y dinámicas existentes entre distintos miembros de la familia.
¿Quién decide quién tiene que acudir a las sesiones?
El psicólogo lo valora junto con la familia después de conocer el motivo de consulta. No tiene por qué mantenerse el mismo formato durante todo el tratamiento.
Terapia familiar en Majadahonda: cuándo pedir una primera valoración
Si vuestra convivencia se ha convertido en una sucesión de conflictos, sentís que repetís siempre las mismas discusiones o una dificultad de uno de los miembros está afectando al conjunto de la familia, puede ser útil realizar una primera valoración profesional.
En Well Being Psicólogos estudiamos cada situación antes de determinar quién debería participar y cómo organizar el proceso. Puedes conocer con más detalle nuestro servicio de terapia familiar en Majadahonda o contactar con nosotros para explicarnos vuestro caso.
Estamos en C. Sta. Catalina, 29, Majadahonda (Madrid). Puedes solicitar información o pedir cita llamando al 650 84 66 12, escribiendo a info@psicologosenmajadahonda.es o a través de nuestra página de reserva de cita.