La adicción a las apuestas deportivas no empieza necesariamente apostando grandes cantidades de dinero. En muchas ocasiones comienza de una forma aparentemente inocente: una apuesta durante un partido, una pequeña cantidad para hacer más emocionante una jornada de fútbol o una combinación entre amigos. El problema aparece cuando apostar deja de ser una actividad ocasional y empieza a ocupar cada vez más espacio en los pensamientos, las emociones, el tiempo y la economía de la persona.
No todas las personas que realizan apuestas deportivas desarrollan un problema de juego. Sin embargo, resulta importante reconocer cuándo la relación con las apuestas está cambiando. Aumentar progresivamente el dinero apostado, intentar recuperar pérdidas, ocultar cuánto se juega o sentirse incapaz de parar son algunas señales que merecen atención.
Además, las apuestas deportivas presentan una característica particular: pueden generar la sensación de que el conocimiento sobre un deporte permite controlar mejor el resultado. Saber de fútbol, baloncesto o tenis puede ayudar a analizar determinadas circunstancias, pero una apuesta continúa dependiendo de acontecimientos inciertos que el apostante no controla.
Entender esta diferencia es fundamental para reconocer cuándo apostar ha dejado de ser entretenimiento y se está convirtiendo en un problema.
¿Qué es la adicción a las apuestas deportivas?
La adicción a las apuestas deportivas forma parte de los problemas relacionados con el juego de azar. El elemento fundamental no es simplemente cuánto dinero apuesta una persona, sino la pérdida progresiva de control sobre la conducta de juego y las consecuencias que esta empieza a tener en su vida.
Una persona puede apostar cantidades aparentemente pequeñas y, aun así, experimentar una preocupación constante por el juego. Otra puede disponer de mayores recursos económicos y tardar más tiempo en sufrir problemas financieros evidentes. Por eso, valorar únicamente cuánto dinero se pierde puede retrasar la identificación del problema.
El Plan Nacional sobre Drogas incluye entre los indicadores del trastorno por juego cuestiones como la preocupación frecuente por apostar, la necesidad de incrementar las cantidades jugadas, la irritabilidad al intentar reducir el juego, los intentos repetidos y fallidos de dejarlo, el uso del juego para aliviar el malestar y la tendencia a volver a apostar para recuperar pérdidas.
También pueden aparecer mentiras sobre la magnitud del juego, problemas familiares o laborales y la necesidad de recurrir económicamente a otras personas como consecuencia de las pérdidas.
Por tanto, no hablamos simplemente de alguien a quien le gustan mucho los deportes o que apuesta con frecuencia. Hablamos de una conducta que empieza a resultar difícil de controlar y que continúa a pesar de provocar consecuencias negativas.
¿Por qué las apuestas deportivas pueden resultar tan atractivas?
Las apuestas deportivas combinan varios elementos capaces de mantener el interés del jugador durante mucho tiempo. En primer lugar, están relacionadas con actividades que muchas personas ya siguen por entretenimiento. Quien disfruta viendo fútbol puede sentir que apostar una pequeña cantidad aumenta la emoción del partido. En segundo lugar, existe una percepción de conocimiento. Una persona puede seguir una competición durante años, conocer jugadores, estadísticas, lesiones, resultados anteriores y sistemas de juego. Todo ello puede transmitir la sensación de que apostar es muy diferente a participar en otros juegos de azar.
Sin embargo, conocer un deporte no permite controlar el resultado de un partido. Una lesión, una expulsión, una decisión arbitral, un error individual o simplemente el rendimiento inesperado de un equipo pueden modificar completamente un pronóstico.
También existe actualmente la posibilidad de realizar apuestas mientras el acontecimiento deportivo está desarrollándose. Esto multiplica las oportunidades de apostar: resultado final, siguiente goleador, número de tarjetas, córners, puntos, juegos, sets o acontecimientos que sucederán durante los próximos minutos.
Cuantas más posibilidades existen de apostar, más sencillo puede resultar encadenar una apuesta con otra sin detenerse a valorar cuánto tiempo o dinero se está empleando.
Del entretenimiento al problema: no existe una cantidad concreta
Una pregunta frecuente es cuánto hay que apostar para considerar que existe una adicción. No hay una cifra universal. Para una persona, perder 100 euros puede no alterar significativamente su economía. Para otra, perder 30 euros puede significar no disponer del dinero necesario para cubrir un gasto básico. El impacto económico siempre debe valorarse en relación con las circunstancias personales.
Además, el dinero no es el único indicador. Puede existir un problema cuando apostar empieza a interferir con el trabajo, los estudios, las relaciones personales, el sueño, el estado de ánimo o la capacidad de disfrutar de otras actividades. También merece atención el grado de control. Una persona que decide apostar diez euros pero termina depositando cien; que afirma que dejará de jugar durante un mes y vuelve al día siguiente; o que intenta reducir repetidamente sus apuestas sin conseguirlo está mostrando una dificultad distinta a la de alguien que apuesta ocasionalmente y puede dejar de hacerlo sin malestar.
Señales de adicción a las apuestas deportivas
Una única señal aislada no permite diagnosticar una adicción. Sin embargo, cuando varias aparecen conjuntamente y se mantienen en el tiempo, puede ser recomendable solicitar una valoración profesional.
1. Pensar constantemente en apuestas y partidos
El deporte deja progresivamente de disfrutarse por sí mismo. Antes interesaba ver el partido. Ahora gran parte de la atención está puesta en las cuotas, las posibles combinaciones, las estadísticas necesarias para apostar o las oportunidades que ofrecerá la siguiente jornada. La persona puede dedicar una parte importante del día a consultar aplicaciones, pronósticos, resultados y comunidades relacionadas con las apuestas.
2. Apostar cada vez más dinero
Una apuesta que inicialmente era de dos o cinco euros puede aumentar progresivamente. Las cantidades anteriores dejan de resultar suficientemente estimulantes o empiezan a considerarse demasiado pequeñas para conseguir las ganancias deseadas.
También pueden aparecer depósitos sucesivos durante una misma jornada. No es imprescindible llegar a cantidades económicamente enormes para que este cambio resulte relevante. Lo importante es observar si existe una escalada progresiva y cada vez resulta más difícil respetar los límites establecidos previamente.
3. Intentar recuperar inmediatamente el dinero perdido
Esta es una de las señales más características de los problemas con el juego. Después de perder una apuesta aparece el pensamiento: «Tengo que recuperar esos 50 euros».
Entonces se realiza otra apuesta. Si también se pierde, puede aumentar la cantidad de la siguiente para intentar recuperar de una vez todo lo anterior. Este proceso se conoce habitualmente como perseguir las pérdidas. El problema es que una pérdida pasada no modifica las probabilidades de la siguiente apuesta. Sin embargo, emocionalmente puede resultar muy difícil aceptar la pérdida y cerrar la aplicación. Así, una sesión que iba a costar diez euros puede terminar acumulando pérdidas mucho mayores.
4. Sentirse incapaz de parar cuando se había decidido hacerlo
La persona puede decirse repetidamente:
- «Esta es la última apuesta».
- «Después de este fin de semana paro».
- «Cuando recupere lo perdido, cierro la cuenta».
- «El mes que viene no ingreso más dinero».
Sin embargo, esos límites se van aplazando. Puede existir una intención sincera de dejar las apuestas y, al mismo tiempo, una enorme dificultad para mantener esa decisión. Los intentos repetidos de controlar, reducir o abandonar el juego sin conseguirlo constituyen una señal importante que no debería interpretarse simplemente como falta de fuerza de voluntad.
5. Estar irritable cuando no se puede apostar
Reducir o interrumpir las apuestas puede generar inquietud, nerviosismo o irritabilidad en algunas personas que han desarrollado una relación problemática con el juego.
También puede aparecer una sensación de vacío o aburrimiento cuando no hay competiciones disponibles. Esto puede provocar que progresivamente se empiece a apostar en deportes, ligas o competiciones que anteriormente ni siquiera interesaban.
6. Ocultar cuánto se apuesta
La persona comienza a minimizar las cantidades invertidas o las pérdidas ante su pareja, familia o amigos. Puede borrar movimientos, ocultar aplicaciones, utilizar cuentas diferentes o dar explicaciones incompletas sobre determinados gastos. En ocasiones, la primera señal que detecta el entorno no es la propia apuesta, sino las contradicciones relacionadas con el dinero.
7. Pedir dinero o utilizar recursos destinados a otros gastos
Cuando las pérdidas aumentan, pueden utilizarse ahorros, tarjetas de crédito o dinero destinado a otros objetivos. También pueden aparecer préstamos entre familiares y amigos. En algunos casos se solicita dinero explicando otro motivo porque existe vergüenza o temor a reconocer cuánto se ha perdido jugando.
Cuando apostar empieza a comprometer gastos básicos, generar deuda o exigir ayuda económica recurrente, la situación requiere especial atención.
8. El estado de ánimo depende de los resultados
Ganar puede producir euforia y la sensación de haber encontrado una estrategia que funciona. Perder puede generar frustración, ansiedad, irritabilidad o necesidad urgente de volver a apostar. La jornada deportiva deja entonces de ser entretenimiento y empieza a determinar de forma intensa cómo se siente la persona durante el resto del día.
9. Abandonar otras actividades
Las apuestas pueden ocupar progresivamente el espacio destinado a otras aficiones, relaciones o responsabilidades. La persona rechaza planes porque quiere seguir determinados partidos, consulta constantemente el móvil durante actividades familiares o pierde horas de sueño siguiendo competiciones celebradas en otros países.
El problema deja de limitarse al dinero cuando comienza a reorganizar toda la vida cotidiana alrededor del juego.
El peligro de pensar «yo controlo porque entiendo de deporte»
Una de las características particulares de las apuestas deportivas es la facilidad con la que pueden asociarse habilidad y azar. Conocer profundamente una competición puede ayudar a interpretar información, pero no elimina la incertidumbre.
Además, tendemos a recordar especialmente determinados aciertos. Una apuesta ganadora puede reforzar la impresión de que se había realizado un análisis excelente. En cambio, cuando se pierde, resulta sencillo atribuirlo a una circunstancia excepcional: «Si no hubieran expulsado a ese jugador habría acertado», «Ese penalti cambió el partido» o «Era imposible prever esa lesión».
Esta forma de interpretar los resultados puede mantener la confianza en el sistema de apuestas incluso después de numerosas pérdidas. Otro fenómeno frecuente consiste en pensar que después de una sucesión de resultados negativos «ya toca ganar». Pero las pérdidas anteriores no garantizan que la siguiente apuesta vaya a resultar favorable.
¿Ganar también puede mantener el problema?
Sí. Puede parecer contradictorio, pero una ganancia importante durante las primeras etapas puede reforzar enormemente la conducta. Imaginemos a una persona que comienza apostando cantidades pequeñas y, en una combinación concreta, gana varios cientos de euros. Esa experiencia puede convertirse en una referencia permanente.
A partir de entonces puede pensar que volver a conseguirlo es cuestión de encontrar la apuesta adecuada. Incluso después de haber perdido una cantidad superior a aquella ganancia inicial, el recuerdo de ese premio sigue demostrando psicológicamente que «se puede ganar».
El problema aparece cuando las ganancias puntuales se recuerdan con mucha más claridad que el balance completo de ingresos y pérdidas. Por eso resulta útil valorar el historial real de juego y no únicamente los grandes aciertos.
Adicción a las apuestas deportivas y apuestas online
El acceso desde el teléfono ha cambiado profundamente la forma de apostar.
Ya no es necesario desplazarse a un establecimiento. Es posible consultar cuotas, ingresar dinero y apostar en cuestión de segundos desde prácticamente cualquier lugar.
Esta disponibilidad puede dificultar la introducción de pausas.
Entre pensar «voy a apostar» y realizar efectivamente la apuesta puede existir muy poco tiempo para reconsiderar la decisión.
Además, el mismo dispositivo que utilizamos para trabajar, hablar con nuestros amigos o leer noticias deportivas permite acceder de forma inmediata a la cuenta de juego.
Los informes sobre adicciones comportamentales del Ministerio de Sanidad muestran una relación especialmente relevante entre determinadas formas de juego de mayor continuidad —entre ellas las apuestas deportivas— y el juego problemático. Entre las personas atendidas por problemas de juego online, las apuestas deportivas aparecen además como una modalidad destacada.
Esto no significa que toda persona que apueste online vaya a desarrollar una adicción. Significa que merece la pena prestar atención a los patrones de uso y no asumir que una apuesta es inocua únicamente porque se realiza desde el móvil y por cantidades pequeñas.
¿Cómo saber si tengo un problema con las apuestas deportivas?
Puede resultar útil responder con sinceridad a algunas preguntas:
- ¿Pienso en apostar incluso cuando estoy haciendo otras cosas?
- ¿He aumentado progresivamente el dinero que apuesto?
- ¿He intentado reducir o dejar las apuestas y he vuelto antes de lo previsto?
- ¿Apuesto para recuperar dinero que he perdido?
- ¿He ocultado a otras personas cuánto juego realmente?
- ¿Me siento nervioso o irritable cuando intento no apostar?
- ¿He utilizado dinero destinado a otros gastos?
- ¿He pedido dinero después de perder apostando?
- ¿Las apuestas están generando discusiones con mi pareja o mi familia?
- ¿Mi estado de ánimo cambia mucho dependiendo de si gano o pierdo?
- ¿Dedico más tiempo a las apuestas del que me gustaría?
- ¿Sigo apostando aunque sé que me está causando problemas?
Responder afirmativamente a alguna pregunta no permite establecer por sí solo un diagnóstico. Sin embargo, varias respuestas afirmativas pueden indicar que merece la pena analizar la relación con el juego con un profesional.
Por qué «recuperar lo perdido y después dejarlo» suele convertirse en una trampa
Muchas personas no continúan apostando porque quieran ganar una fortuna. Continúan porque quieren volver al punto económico en el que estaban antes de empezar a perder.
«Cuando recupere los 500 euros, paro».
El problema es que intentar recuperar una pérdida mediante nuevas apuestas implica volver a exponerse exactamente al mismo riesgo que produjo la pérdida inicial.
Si se vuelve a perder, el objetivo cambia:
Ya no hay que recuperar 500, sino 700.
Después pueden ser 1.000.
Y cuanto mayor es la pérdida acumulada, mayor puede ser la tentación de realizar apuestas más arriesgadas para recuperar rápidamente el dinero.
Romper este ciclo implica aceptar algo psicológicamente difícil: el dinero perdido no tiene que recuperarse jugando.
Asumir la pérdida puede resultar doloroso, pero continuar apostando para eliminarla puede aumentar todavía más las consecuencias económicas y emocionales.
Consecuencias de una adicción a las apuestas deportivas
Las consecuencias no se limitan a las deudas.
Cuando el problema se mantiene pueden verse afectadas distintas áreas de la vida.
Economía
Pérdidas acumuladas, uso de ahorros, créditos, tarjetas, préstamos o dificultades para afrontar gastos cotidianos.
Pareja y familia
Las mentiras relacionadas con el dinero y el tiempo dedicado al juego pueden deteriorar profundamente la confianza.
La pareja puede descubrir pérdidas que desconocía o sentir que debe vigilar continuamente las cuentas.
Trabajo o estudios
Consultar apuestas constantemente, seguir partidos durante el horario laboral o dormir poco puede afectar al rendimiento y a la concentración.
Estado emocional
Las pérdidas pueden generar ansiedad, culpa, vergüenza, irritabilidad y preocupación constante.
A su vez, esas emociones pueden aumentar nuevamente el deseo de apostar como forma de evasión, creando un círculo difícil de romper.
Qué hacer cuando empiezas a perder el control
Reconocer un problema con las apuestas puede resultar difícil, especialmente cuando todavía no existen grandes deudas o consecuencias visibles.
Sin embargo, no es necesario esperar a que la situación sea extrema.
Deja de utilizar las apuestas para recuperar pérdidas
Este es uno de los cambios más importantes.
Una pérdida ya producida no mejora las probabilidades de la siguiente apuesta.
Revisa cuánto dinero has gastado realmente
No calcules únicamente cuánto has ganado en determinadas apuestas.
Revisa depósitos, retiradas y movimientos durante un periodo suficientemente amplio para conocer el balance real.
Reduce el acceso inmediato al juego
Eliminar aplicaciones, desactivar notificaciones o utilizar herramientas de bloqueo puede introducir distancia entre el impulso y la conducta.
Habla con alguien de confianza
El secreto facilita que el problema continúe.
Compartir lo que ocurre puede ser incómodo, pero también permite recibir apoyo y dejar de gestionar las consecuencias en solitario.
Valora la autoprohibición
En España existe el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego de la Dirección General de Ordenación del Juego. La inscripción permite impedir el acceso a determinados juegos en los que es necesaria la identificación del participante, incluido el juego online de ámbito estatal.
La autoprohibición puede ser una herramienta útil para limitar el acceso, aunque no sustituye necesariamente el trabajo psicológico sobre los factores que mantienen la conducta.
Cuándo buscar ayuda profesional

No es necesario tocar fondo para pedir ayuda.
De hecho, buscar apoyo cuando comienzan a aparecer los primeros problemas puede evitar que las consecuencias económicas, familiares y emocionales aumenten.
Puede ser especialmente recomendable consultar cuando:
- has intentado dejar las apuestas varias veces sin conseguirlo;
- apuestas para recuperar pérdidas;
- ocultas a tu entorno cuánto juegas;
- has comenzado a endeudarte;
- el juego está provocando discusiones familiares o de pareja;
- sientes ansiedad, irritabilidad o inquietud cuando intentas parar;
- cada vez necesitas apostar más;
- las apuestas ocupan gran parte de tus pensamientos;
- sigues jugando aunque eres consciente de sus consecuencias.
En Well Being Psicólogos trabajamos con personas que presentan dificultades para controlar el juego. Si las apuestas han dejado de ser una actividad ocasional y empiezan a afectar a tu vida, puedes consultar nuestro servicio de tratamiento de la ludopatía en Majadahonda.
El objetivo no consiste únicamente en impedir temporalmente el acceso a las apuestas. El tratamiento psicológico permite analizar qué función cumple el juego, identificar los pensamientos y situaciones que favorecen las recaídas, desarrollar estrategias para manejar los impulsos y abordar las consecuencias personales o familiares que hayan podido aparecer.
¿Se puede superar la adicción a las apuestas deportivas?
Sí, existen tratamientos psicológicos para los problemas relacionados con el juego.
El proceso, sin embargo, no suele consistir simplemente en prometer que no se volverá a apostar.
Resulta necesario comprender qué mantiene la conducta.
Para algunas personas el principal desencadenante puede ser la búsqueda de emoción. Para otras, apostar funciona como una forma de escapar temporalmente del estrés, la ansiedad, los problemas personales o el aburrimiento.
También puede ser necesario trabajar sobre creencias relacionadas con el azar: pensar que se puede predecir con suficiente precisión un resultado, considerar que después de varias pérdidas tiene que llegar una victoria o interpretar determinadas ganancias como prueba de una habilidad especial.
La recuperación también puede requerir medidas prácticas relacionadas con el dinero, el acceso a plataformas de juego y la reconstrucción de la confianza familiar.
Por eso, cada caso debe valorarse de manera individual.
Preguntas frecuentes sobre la adicción a las apuestas deportivas
¿Apostar todos los fines de semana significa tener una adicción?
No necesariamente. La frecuencia es un elemento importante, pero no permite determinar por sí sola si existe un trastorno por juego. Algunas personas pueden realizar apuestas ocasionales o periódicas sin experimentar pérdida de control ni consecuencias significativas, mientras que otras pueden desarrollar problemas aunque no apuesten todos los días.
Conviene observar qué ocurre alrededor de esa frecuencia. Por ejemplo, si la cantidad apostada aumenta progresivamente, si existe dificultad para cumplir los límites establecidos, si se apuesta para recuperar pérdidas o si la persona pasa gran parte de la semana pensando en las apuestas del siguiente fin de semana.
También son relevantes las consecuencias. Si apostar provoca problemas económicos, discusiones familiares, dificultades laborales, mentiras o cambios importantes en el estado de ánimo, merece atención independientemente de la frecuencia exacta.
Otro indicador importante es la capacidad real para parar. Una persona puede decidir voluntariamente no apostar durante varias semanas y hacerlo sin especial dificultad. En cambio, alguien puede proponerse repetidamente dejar las apuestas y terminar volviendo antes de lo previsto.
Por tanto, más que preguntarse únicamente «¿cuántos días apuesto?», resulta útil valorar cuánto control existe sobre la conducta y qué impacto tiene en el resto de la vida.¿Cómo sé si estoy apostando demasiado dinero?
No existe una cantidad económica universal que marque la frontera entre una apuesta recreativa y un problema. Diez euros pueden ser una cantidad pequeña para una persona y representar un gasto importante para otra. La valoración debe hacerse teniendo en cuenta los ingresos, las obligaciones económicas y el efecto real que las pérdidas producen.
Una señal clara aparece cuando se utiliza dinero que estaba destinado a otros objetivos: alquiler, hipoteca, alimentación, recibos, ahorro o gastos familiares. También merece atención recurrir a tarjetas de crédito, solicitar préstamos, pedir dinero a otras personas o esconder determinados movimientos bancarios.
Otro aspecto importante es lo que ocurre después de perder. El riesgo aumenta cuando el presupuesto deja de importar porque aparece la necesidad de recuperar inmediatamente el dinero perdido. En ese momento, una persona puede superar en poco tiempo el límite que había decidido antes de empezar.
También conviene revisar el gasto acumulado y no únicamente recordar las apuestas ganadoras. Las plataformas permiten consultar depósitos y retiradas, lo que facilita obtener una imagen más objetiva del balance.
Si la cantidad apostada te preocupa, si necesitas ocultarla o si repetidamente gastas más de lo previsto, esa preocupación ya constituye una razón suficiente para revisar tu relación con el juego.¿Por qué sigo apostando si sé que estoy perdiendo dinero?
Saber racionalmente que una conducta está provocando pérdidas no siempre resulta suficiente para detenerla. En los problemas de juego intervienen procesos emocionales y cognitivos que pueden mantener las apuestas incluso cuando la persona reconoce sus consecuencias.
Uno de los más habituales es la persecución de pérdidas. Después de perder dinero aparece una necesidad intensa de recuperarlo. La siguiente apuesta ya no se vive únicamente como una oportunidad de ganar, sino como una forma de «volver a estar como antes». Si también se pierde, el objetivo económico aumenta y puede comenzar una escalada.
Las ganancias ocasionales también desempeñan un papel importante. Una victoria inesperada puede reforzar fuertemente la conducta y mantener la expectativa de que otra apuesta permitirá recuperar todo lo perdido.
Además, en las apuestas deportivas puede aparecer una importante sensación de control. Conocer equipos, jugadores y estadísticas puede hacer que un resultado favorable se interprete como demostración de habilidad y uno desfavorable como una excepción imprevisible.
Finalmente, apostar puede cumplir una función emocional. Algunas personas recurren al juego cuando están aburridas, preocupadas, tristes o estresadas. En esos casos, dejar de apostar implica también aprender otras formas de gestionar esas emociones y situaciones.¿Puedo dejar las apuestas deportivas por mi cuenta?
Algunas personas consiguen modificar una conducta de juego problemática mediante cambios personales y medidas de control. Sin embargo, cuando existen intentos repetidos y fallidos de dejar de apostar, pérdidas económicas importantes, ocultación, endeudamiento o un fuerte impulso por volver a jugar, puede ser recomendable solicitar ayuda profesional.
Pedir ayuda no significa que la situación tenga que ser extrema. De hecho, intervenir antes de que las consecuencias sean mayores suele facilitar el proceso.
Existen medidas prácticas que pueden ayudar: eliminar aplicaciones, bloquear comunicaciones comerciales, limitar el acceso al dinero destinado a apostar, comunicar el problema a una persona de confianza y valorar herramientas como la autoprohibición.
Sin embargo, estas medidas no siempre resuelven por sí solas los motivos psicológicos que mantienen la conducta. Si apostar se utiliza para gestionar ansiedad, estrés, aburrimiento o malestar, esos factores pueden seguir presentes aunque temporalmente se haya bloqueado el acceso al juego.
Un proceso psicológico permite analizar los desencadenantes, trabajar las creencias relacionadas con el azar y las probabilidades, aprender estrategias para manejar los impulsos y prevenir recaídas. También puede ser necesario abordar el impacto que el juego ha tenido sobre la pareja, la familia o la economía.
Cuando el deporte deja de ser lo importante
Una apuesta deportiva puede comenzar como una forma de añadir emoción a un partido. El cambio se produce cuando el resultado económico empieza a importar más que el propio deporte.
Cuando ya no se ve un partido para disfrutarlo sino para comprobar continuamente si se cumplirá una apuesta; cuando perder genera la necesidad inmediata de volver a jugar; cuando se ocultan cantidades o resulta imposible cumplir la decisión de parar, es importante no minimizarlo.
La adicción a las apuestas deportivas puede desarrollarse progresivamente y durante un tiempo permanecer oculta para el entorno. Las consecuencias visibles suelen aparecer después de que la relación con el juego lleve tiempo deteriorándose.
Por eso no es necesario esperar a tener una gran deuda o a que la familia descubra el problema.
Si sientes que estás perdiendo el control sobre las apuestas, en Well Being Psicólogos Majadahonda podemos ayudarte a valorar lo que está ocurriendo y establecer un plan de tratamiento adaptado a tu situación. Puedes consultar aquí nuestro servicio especializado en tratamiento psicológico de la ludopatía en Majadahonda.